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Templo de Capuchinas en Morelia

El Templo de Capuchinas en Morelia fue fundado en 1734 para monjas indígenas hijas de caciques, un caso único en la Nueva España. Casi 300 años después sigue en pie, con retablos barrocos y una historia que pocos conocen a fondo.

El convento que construyeron para las hijas de los caciques purépechas

En el sur del Centro Histórico de Morelia hay una zona que todos los morelianos conocemos con un solo nombre: Capuchinas. No hace falta decir más. Esa palabra sola ubica a cualquiera: la plazuela, el jardín, el comercio, las oficinas del ayuntamiento y, en el centro de todo, el templo que le da nombre a la zona entera. Lo curioso es que muy pocos saben la historia detrás de ese edificio que llevan toda la vida viendo.

Una capilla a las afueras de la ciudad

La historia del sitio se remonta a la primera mitad del siglo XVIII, cuando la entonces Valladolid aún conservaba límites urbanos más reducidos. En ese lugar existía una pequeña capilla dedicada a la Virgen de Cosamaloapan, situada a extramuros de la población, es decir, fuera del núcleo de la ciudad. El obispado cedió aquel inmueble para establecer un monasterio destinado a religiosas capuchinas. La fundación formal del convento ocurrió en 1734. Reddenoticiasmichoacan

Es decir, el templo que hoy queda en pleno centro de la ciudad, rodeado de comercio y tráfico, en su momento estaba en las orillas de Valladolid. La ciudad creció y lo fue alcanzando, hasta que quedó absorbido por el corazón urbano.

El convento que rompió las reglas de su época

Lo que hace verdaderamente singular a este conjunto es para quién fue construido. La obra se impulsó en un escenario singular dentro de la sociedad novohispana: el recinto estaría destinado a mujeres indígenas, en particular hijas de caciques y principales de los pueblos originarios de Michoacán. Reddenoticiasmichoacan

En la Nueva España, los conventos femeninos estaban reservados casi exclusivamente para españolas o criollas. Las mujeres indígenas, sin importar su origen noble, no tenían acceso a esos espacios. Este conjunto arquitectónico fue edificado por la Orden de las Hermanas Clarisas Capuchinas, ya que las mujeres indígenas no tenían acceso a los mismos conventos que las españolas o criollas. Capuchinas fue, en ese sentido, un espacio de excepción: un convento construido explícitamente para que las hijas de los caciques purépechas pudieran profesar su fe religiosa con la misma dignidad que cualquier otra mujer de su época. Revistamorelia

En 1737 llegaron a Valladolid las primeras religiosas procedentes del monasterio de Corpus Christi de la Ciudad de México. El traslado fue un acontecimiento relevante para la vida religiosa y social de la provincia. Las monjas llevaron consigo reglas, objetos litúrgicos, imágenes y la disciplina de la Orden de las Hermanas Clarisas Capuchinas, rama reformada de la tradición franciscana caracterizada por la austeridad y la observancia estricta. La Voz de Michoacán

Una orientación que no sigue las reglas

El templo tiene una particularidad arquitectónica que lo hace diferente a casi todos los demás del centro histórico. La construcción del templo se inició a partir de la antigua capilla, con una orientación de sur a norte, en lugar de oriente a poniente, quedando de esta manera como portada lateral lo que antes había funcionado como principal. La razón es práctica: al construirse sobre la capilla preexistente, los arquitectos siguieron su orientación original en lugar de reorientar el edificio hacia el este como era la norma en los templos católicos. El resultado es un templo que da la espalda al esquema habitual, un rasgo que los especialistas en arquitectura colonial encuentran fascinante. Cultura

Lo que guarda por dentro y lo que perdió en un incendio

El interior del templo cuenta con altares con retablos barrocos semejantes a los del templo de Las Rosas, y entre ellos destaca un Cristo en pasta de caña de maíz, técnica artesanal que guarda una fuerte relación con lo sacro y que hoy poco se practica en Michoacán. Los muros de piedra sin aplanar le dan al interior una textura y una austeridad que recuerda el espíritu de la orden capuchina: nada de ornamentos innecesarios, todo al servicio de la oración. Quadratin

Sin embargo, el interior no siempre fue así. Originalmente, su altar mayor poseía un esplendoroso diseño churrigueresco, pero un incendio lo destruyó, dejando solo tres altares que aún se conservan. Ese altar churrigueresco original, de haber sobrevivido, habría convertido a Capuchinas en uno de los interiores más espectaculares de toda la ciudad. Lo que quedó sigue siendo valioso, pero el incendio dejó una pérdida que no tiene remedio. Revistamorelia

Capuchinas hoy: fe, comercio y restauración

Actualmente, la sola palabra «capuchinas» sirve a los morelianos para ubicarse en la zona sur del Centro de la ciudad, entre las calles Ortega y Montañez, esquina con Andrés del Río. Es uno de los puntos más concurridos del Centro Histórico porque abarca la ruta para llegar al Mercado Independencia, el centro popular de venta más importante de la ciudad. La Voz de Michoacán

El templo convive cada día con esa vida bulliciosa que lo rodea: vendedores, trámites de gobierno, escolares y turistas que pasan de largo hacia el mercado. El edificio se encuentra actualmente en proceso de restauración, con trabajos enfocados en la torre y la fachada frontal, financiados con recursos municipales y federales. Una intervención necesaria para que este testimonio de casi tres siglos pueda seguir en pie otros tantos. Quadratin

¿Cómo llegar al Templo de Capuchinas?

Está en la esquina de Ortega y Montañez con Andrés del Río, en el sur del Centro Histórico. Desde la Catedral puedes llegar caminando en unos diez minutos hacia el sur por cualquiera de las calles paralelas a Madero. El jardín de la plazuela contigua, oficialmente llamado Plaza Vasco de Quiroga aunque nadie lo llame así, es un buen punto de descanso antes o después de visitar el templo.

Y si mientras lo visitas escuchas las campanas sonar sobre el ruido del comercio y los motores, detente un momento. Esas campanas llevan sonando en el mismo lugar desde 1737, cuando las primeras monjas capuchinas cruzaron las puertas de este convento que alguien tuvo la visión de construir para ellas.

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