Colegio de San Nicolás de Hidalgo en Morelia

El Colegio de San Nicolás de Hidalgo fue fundado en 1540 por Vasco de Quiroga y es una de las instituciones educativas más antiguas de América. Por sus aulas pasaron Miguel Hidalgo, Morelos y Melchor Ocampo. Hoy guarda el corazón de Ocampo entre sus paredes. Entrada libre.

La escuela más antigua de América que formó a Hidalgo, Morelos y Ocampo

Si quisieras elegir el edificio de Morelia que más ha influido en la historia de México, la respuesta no sería la Catedral ni el Palacio de Gobierno. Sería este: un colegio del siglo XVII en la Avenida Madero que los morelianos conocemos simplemente como «La Prepa Uno». Detrás de ese apodo tan cotidiano se esconde una historia de casi cinco siglos, una lista de egresados que cambió el rumbo del país y un detalle que muy pocos conocen: entre sus paredes se conserva el corazón de uno de los grandes ideólogos de la Reforma mexicana.

Nació en Pátzcuaro, llegó a Morelia y nunca se fue

En 1540, el primer obispo de Michoacán, Vasco de Quiroga, fundó en Pátzcuaro el Primitivo Colegio de San Nicolás Obispo, con el objetivo de formar clérigos, educar a los hijos de los colonos y evangelizar a los pueblos originarios de la región. Vasco de Quiroga, que antes de ser obispo era Licenciado en Derecho, entendía la educación como la herramienta más poderosa para construir una sociedad justa. Ese espíritu humanista quedó grabado en el ADN del colegio desde su fundación.

Cuando la sede episcopal se trasladó de Pátzcuaro a Valladolid, el colegio siguió el mismo camino. La larga historia de esta sede en Morelia se remonta hasta una edificación de adobe en el año 1580, cuando ahí se estableció el Colegio de San Nicolás Obispo. El edificio del Colegio de San Nicolás de Hidalgo fue edificado en el siglo XVII durante la época virreinal, funcionando desde entonces como institución educativa. Cuatro siglos y medio después, sigue siendo exactamente eso: una escuela.

La lista de egresados que cambió México

Hay colegios que producen profesionistas. Y hay colegios que producen revoluciones. El Colegio de San Nicolás es de los segundos. Algunos alumnos destacados del Colegio son Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Ignacio López Rayón, José Sixto Verduzco, José María Izazaga y Melchor Ocampo.

Detente un momento en esa lista. Hidalgo y Morelos, los dos grandes líderes de la Independencia de México, estudiaron en el mismo edificio con diferencia de años. Y no solo eso: Miguel Hidalgo y Costilla estudió, impartió cátedra y fue rector del Colegio, contribuyendo a que fuera un recinto de vanguardia en los aspectos artísticos y científicos. El hombre que tocó la campana en Dolores en 1810 e inició la guerra de Independencia de México fue primero maestro y luego director de este colegio. Que ese dato no sea más conocido es uno de los grandes misterios del turismo cultural mexicano.

Al comenzar el siglo XIX, las consecuencias del Movimiento de Independencia fueron encabezadas por un selecto grupo de maestros y alumnos nicolaitas, entre los que se ubican Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos. El Colegio de San Nicolás no solo formó a los protagonistas de la Independencia: fue el espacio intelectual donde esa independencia se fue gestando, conversación a conversación, clase a clase.

El corazón de Melchor Ocampo

Si hay un detalle del Colegio de San Nicolás que captura mejor que cualquier otro la densidad histórica de este lugar, es lo que guarda la sala que lleva el nombre de uno de sus egresados más ilustres. En la sala que lleva el nombre de Melchor Ocampo se conservan su corazón, libros y otros objetos que le pertenecieron a este naturalista, político e ideólogo de la época de Reforma.

Melchor Ocampo, figura clave de las Leyes de Reforma y uno de los personajes más influyentes del siglo XIX mexicano, donó su corazón al colegio donde estudió para que contribuyera al conocimiento de la anatomía humana. Esa decisión, que mezcla ciencia, patriotismo y un sentido casi romántico del legado, es perfectamente coherente con el espíritu ilustrado que caracterizó al Colegio de San Nicolás durante siglos.

Murales que cuentan la historia desde las paredes

El interior del colegio no solo guarda historia en sus archivos y vitrinas. Los visitantes se encuentran con un monumento a Miguel Hidalgo, así como las obras «Morelos en Apatzingán» y «En defensa de la Patria», firmadas por Fermín Revueltas en 1932. Fermín Revueltas, hermano del célebre escritor José Revueltas y uno de los pintores más importantes del muralismo mexicano temprano, dejó aquí dos de sus obras más significativas.

Recorrer los pasillos del colegio con esos murales como telón de fondo, sabiendo que Hidalgo caminó por el mismo suelo hace más de dos siglos, es una experiencia que pocos edificios de México pueden igualar.

Una institución viva, no un museo

Lo que hace todavía más especial al Colegio de San Nicolás es que no es un monumento congelado en el tiempo. Actualmente alberga una escuela preparatoria dependiente de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la misma universidad que nació de este colegio en 1917. Los estudiantes de hoy preparan sus exámenes en los mismos corredores donde Hidalgo preparaba sus clases. La historia y el presente conviven aquí sin ningún esfuerzo.

¿Cómo llegar al Colegio de San Nicolás de Hidalgo?

Está en Avenida Francisco I. Madero Poniente 351, en el Centro Histórico, a unas cuadras de la Catedral hacia el poniente, justo al lado de la Biblioteca Pública Universitaria. El horario de visita es de lunes a viernes en horario escolar, y sábado y domingo de 8:00 a 17:00 horas. La entrada es libre.

Si vas un fin de semana, el ambiente es más tranquilo y puedes recorrer los patios y la sala de Melchor Ocampo con más calma. Entre semana la vida estudiantil te va a recordar que este edificio, lejos de ser un museo, sigue cumpliendo la misma misión que Vasco de Quiroga le encomendó hace casi 500 años: formar personas, cambiar vidas y, de vez en cuando, cambiar la historia de un país entero.

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