Calzada de Fray Antonio de San Miguel en Morelia
La Calzada Fray Antonio de San Miguel en Morelia fue construida en 1732 para llevar peregrinos al Santuario de Guadalupe. Bancas de cantera, fresnos centenarios, el monumento a Morelos y leyendas urbanas te esperan en el paseo más querido del centro histórico.
El paseo más bonito de la ciudad tiene casi 300 años y muy pocos saben su historia
Si tuvieras que elegir un solo lugar en Morelia para caminar sin prisa, con el sol filtrándose entre los árboles y la cantera rosa a los dos lados, ese lugar sería la Calzada Fray Antonio de San Miguel. Conocida popularmente como Calzada de San Diego, este corredor peatonal de losas de cantera conecta el Acueducto con el Santuario de Guadalupe, y lleva casi tres siglos siendo uno de los paseos favoritos de los morelianos. Lo que poca gente sabe es la historia que hay detrás de ese camino tan familiar.
Un camino para llegar a la Virgen
Su construcción comenzó en 1732 por instrucción de Juan José de Escalona y Calatayud, quien impulsó la creación de un camino digno que condujera hacia el Santuario de Guadalupe, entonces perteneciente a la orden de San Diego. El santuario ya existía desde 1716 y atraía peregrinos de toda la región, pero el camino para llegar hasta él era sencillo y poco digno para la cantidad de fieles que lo recorrían.
Su diseñador José Servín atendió y concluyó en 1732 la petición del obispo Escalona y Calatayud. A pesar de las diversas intervenciones sufridas a través del tiempo, este lugar es de los pocos que conservan trazo y fisonomía de su época de construcción en la ciudad. Es decir, cuando caminas por la calzada hoy, estás siguiendo prácticamente el mismo trazo que siguieron los peregrinos del siglo XVIII. Pocos lugares en Morelia pueden decir lo mismo.
El obispo que le dio su nombre definitivo
Originalmente el camino era un sencillo empedrado llamado Calzada de Guadalupe. Fue hasta finales del siglo XVIII que el Obispo Fray Antonio de San Miguel, el mismo que financió el Acueducto de Morelia, ordenó su transformación total: quitó el empedrado, colocó las enormes losas de cantera y mandó construir las largas bancas que delimitan la calzada y que hoy son uno de los elementos más característicos del paseo.
Entre 1868 y 1870 adquirió gran parte de su imagen actual. Y a partir del decreto municipal de 1929 que estableció la nomenclatura actual de la ciudad, a la calzada se le denominó oficialmente Calzada Fray Antonio de San Miguel, en honor al obispo que la transformó en lo que hoy conocemos. Antes de ese decreto tuvo varios nombres: Calzada de San Diego, Calzada de Guadalupe y Calzada Dr. Miguel Silva, entre otros. Los morelianos, como siempre, hicieron caso omiso de todos ellos y le siguieron diciendo Calzada de San Diego, que es como la conoce todavía la mayoría.
El monumento que mira al norte por una razón
Casi al final de la calzada, en el Jardín Morelos, está uno de los monumentos más importantes de la ciudad: el monumento ecuestre a José María Morelos y Pavón. Fue esculpido en bronce por el italiano Giuseppe Inghilleri e inaugurado en 1913.
Hay dos detalles en este monumento que vale la pena conocer. El primero: Morelos mira hacia el norte, indicando el rumbo que tomó para encontrarse con Miguel Hidalgo e iniciar la lucha de Independencia. No es una posición arbitraria; es una decisión simbólica que le da al monumento un significado que va más allá de lo decorativo.
El segundo: el monumento tiene figuras femeninas que representan a la Patria y la Libertad, y se dice que los modelos para estas figuras fueron dos hermanas morelianas de apellido Fourier. Si es cierto, dos mujeres de Morelia quedaron inmortalizadas en bronce sin que casi nadie lo supiera.
Un paseo con jardines, leyendas y mucha vida
La calzada no es solo el camino en sí. A lo largo de su recorrido encuentra el Jardín Azteca, cuyo nombre correcto es Jardín Fray Antonio de Lisboa pero que todo el mundo conoce por sus pequeñas construcciones con motivos prehispánicos. Al inicio está la zona del Acueducto y las Tarascas, con todo el ambiente que ya conocemos. Y al final, el Santuario de Guadalupe, que en diciembre se convierte en uno de los puntos de peregrinación más concurridos de la ciudad.
Frente al Santuario de Guadalupe existió un cementerio que con el paso de los años desapareció para dar lugar a la plazoleta que actualmente se ubica al final de la calzada. Es decir, la explanada donde hoy la gente se sienta, los niños corren y los fotógrafos buscan ángulos, estuvo durante décadas ocupada por tumbas. Morelia tiene ese tipo de capas históricas en cada rincón.
El paseo que Morelia se merece
Lo que hace especial a la Calzada no es un solo monumento ni un solo edificio, sino la experiencia completa de recorrerla. Las bancas de cantera bajo los fresnos centenarios, el sonido de los pájaros mezclado con el de la ciudad, las parejas, los corredores matutinos, los vendedores de elotes y los turistas con cámara en mano. Es uno de esos lugares donde la historia y la vida cotidiana conviven tan naturalmente que ya no sabes dónde termina una y empieza la otra.
¿Cómo llegar a la Calzada de Fray Antonio de San Miguel en Morelia?
La calzada comienza en la glorieta de la Fuente de las Tarascas, donde termina el Acueducto, y se extiende hacia el oriente hasta el Santuario de Guadalupe, en Tata Vasco. Se puede recorrer completa en unos veinte minutos caminando sin prisa, aunque lo ideal es tomarse el doble de tiempo. Está abierta las 24 horas y no tiene costo de acceso.
Si la visitas un domingo por la mañana, encontrarás el ambiente más auténtico: familias, vendedores de antojitos, música y ese ritmo pausado que define a Morelia en sus mejores momentos.