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Plaza San Agustín en Morelia

La Plaza San Agustín de Morelia tiene una historia que va de cementerio colonial a mercado popular del siglo XIX. Hoy es uno de los rincones más auténticos del centro histórico, con comida michoacana y arquitectura de cantera rosa. Entrada libre.

Plaza San Agustín en Morelia: de cementerio agustino a mercado de los agachados

No todos los lugares interesantes de Morelia están en los folletos turísticos. La Plaza San Agustín es uno de esos rincones que los visitantes pasan por alto y que los morelianos frecuentamos sin pensar demasiado en todo lo que hay detrás. Tiene historia, tiene comida, tiene arquitectura y tiene ese ambiente cotidiano auténtico que a veces es más difícil de encontrar que cualquier monumento.

Primero fue un cementerio

Su nombre oficial es Plaza Ignacio Comonfort, aunque nadie la conoce así. Para todos en Morelia es simplemente la Plaza de San Agustín, y la razón está justo al lado: el Templo y Ex Convento de San Agustín, cuya orden llegó a establecerse en Valladolid entre 1548 y 1549.

El espacio donde hoy se abre la plaza fue en origen el panteón de la iglesia. Durante siglos, ese terreno frente al templo agustino fue el cementerio de la orden, rodeado por una barda atrial con puertas y muros que separaban a los vivos de los muertos. Con el paso del tiempo y los cambios que trajo el siglo XIX, el cementerio cerró y el espacio comenzó a transformarse en algo completamente distinto.

Luego fue mercado y le pusieron un apodo para siempre

En los terrenos del ex convento se habilitó un mercado donde bajo tejamanil y sombra de petate se vendían artículos de primera necesidad y loza corriente. En este mercado, entonces llamado Ignacio Comonfort, se expendían también alimentos, y la gente del pueblo comía en asiento de poca altura o en cuclillas, posición por la cual se les llamó «los agachados».

Así nació uno de los apodos más queridos del vocabulario popular moreliano. El mercado San Agustín fue quizá el más popular de la ciudad; los miércoles, día de tianguis, se reanimaba el comercio debido a los numerosos campesinos que venían de los pueblos, ranchos y haciendas circunvecinas. Era el corazón comercial de un barrio que durante generaciones concentró el pulso cotidiano de la ciudad.

En 1972 se reubicaron los puestos de comida en los pasillos de la arquería perimetral, dejando libre el espacio central para apreciar en toda su magnificencia el Templo y Convento de San Agustín. Ese reordenamiento es el que le da a la plaza su imagen actual: los arcos coloniales como marco, y debajo de ellos, la comida.

Hoy: historia viva y antojitos michoacanos

La plaza de hoy es exactamente eso: un espacio donde la historia y la vida cotidiana conviven sin esfuerzo. En el centro, la explanada de cantera con vista directa al templo agustino. En los corredores de la arquería perimetral, los puestos de comida que llevan décadas sirviendo enchiladas, carnitas, uchepos, corundas y todo lo que la cocina michoacana tiene para ofrecer.

Es uno de esos lugares donde puedes desayunar o comer bien, barato y con vistas a un edificio colonial del siglo XVI, algo que en pocas ciudades del mundo es posible. La gente que va ahí no suele ser turista; son morelianos de a pie, trabajadores del centro, estudiantes y familias que llevan generaciones sentándose en esas mismas bancas.

El conjunto agustino que la rodea

La plaza no se entiende sin los edificios que la enmarcan. El Templo de San Agustín, con su fachada barroca y su interior de frescos del siglo XVII, está justo ahí. A un costado está la Biblioteca Pública, que ocupa el antiguo templo anexo del convento y que desde 1930 pone libros a disposición de los morelianos en ese mismo espacio sagrado. Y al otro lado está el Centro Cultural Clavijero, el antiguo Colegio Jesuita que hoy es el principal espacio de exposiciones de la ciudad.

En pocas palabras: la Plaza San Agustín está rodeada por cuatro siglos de historia en cada dirección que mires.

¿Cómo llegar?

Está en García Obeso 162, esquina con Corregidora y Aldama, en el Centro Histórico. A pocos pasos del Jardín de las Rosas y del Centro Cultural Clavijero, y a unas cuadras de la Catedral. Abre de lunes a domingo desde las 8:00 horas y la entrada es libre.

Si llegas a Morelia con hambre y quieres comer algo típico sin pagar precio de restaurante turístico, este es tu lugar. Siéntate bajo los arcos, pide lo que te recomienden y mira el templo agustino desde tu mesa. No es mal plan para una mañana en la ciudad de la cantera rosa.

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