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Jardín de Villalongín en Morelia

El Jardín de Villalongín en Morelia tiene una fuente que viajó desde la Plaza de Armas, tres nombres distintos y una historia de amor y heroísmo de 1811 que le dio su nombre definitivo. El rincón más fotogénico junto al Acueducto. Entrada libre.

La plaza que lleva el nombre de un hombre que rescató a su esposa de una cárcel a caballo

Hay plazas que llevan nombres de presidentes, de batallas o de fechas cívicas. Y luego está el Jardín de Villalongín, que lleva el nombre de un insurgente que en plena guerra de Independencia entró a caballo a Valladolid, burló al ejército realista y rescató a su esposa de una cárcel improvisada en una capilla. Si eso no merece una plaza, que alguien explique qué lo merece.

De Plaza de las Ánimas a Jardín de los Cuatro Oros

La historia de este espacio arranca en 1788, cuando Fray Antonio de San Miguel, el mismo obispo que transformó el Acueducto y la Calzada que llevan su nombre, adquirió los terrenos frente a la antigua Capilla de las Ánimas, hoy convertida en el Templo de Lourdes. Su objetivo era crear una zona de paseo público con una fuente de agua para el disfrute de la gente. Así nació la primera versión del jardín, llamada entonces Plazuela de las Ánimas por su cercanía con la capilla.

Con el tiempo, el espacio fue creciendo y se le colocaron cuatro fuentes, una en cada esquina, lo que le ganó el apodo de Jardín de los Cuatro Oros, nombre con el que fue conocido durante décadas. Ese nombre evoca la imagen de un jardín simétrico y luminoso que los vallisoletanos de finales del siglo XVIII y principios del XIX frecuentaban como uno de sus paseos favoritos. Pero entonces llegó la guerra, y con ella la historia que cambiaría el nombre del lugar para siempre.

El rescate que le dio su nombre

Durante la guerra de Independencia, el comandante realista Torcuato Trujillo ordenó encarcelar a la esposa del insurgente Manuel Villalongín en la Capilla de las Ánimas, que había sido convertida en cárcel de mujeres para presionar a los rebeldes a que abandonaran las armas. La estrategia era clara: si quieres a tu esposa de vuelta, deja de pelear.

Villalongín no negoció. En un acto de audacia que los historiadores registran como uno de los episodios más memorables de la Independencia en Michoacán, entró a caballo a la ciudad, burló la vigilancia de las fuerzas españolas y rescató a su esposa para llevársela a la libertad. Un solo hombre, un caballo y el amor suficiente para enfrentarse al ejército realista en plena Valladolid.

Ese episodio ocurrió en 1811 y pasó a la historia como un ejemplo de heroísmo y amor. Cuando terminó la guerra, la ciudad decidió que ese jardín, el mismo donde había estado la cárcel de la que Villalongín liberó a su esposa, llevaría su nombre para siempre. Desde 1889 lleva oficialmente el nombre de Plaza Villalongín en honor al insurgente Manuel Villalongín, quien destacó por esa hazaña. Un nombre ganado a caballo, literalmente.

La fuente que viajó desde la Plaza de Armas

Uno de los detalles más curiosos del Jardín de Villalongín es su fuente central, que no siempre estuvo ahí. Esta fuente es una de las más antiguas de la capital michoacana porque originalmente se encontraba en la Plaza de Armas, a un costado de la Catedral, donde permaneció por más de un siglo.

Fue hasta 1899, bajo la administración del General Mariano Jiménez, que decidieron moverla aquí. Una fuente monumental que cruzó el centro histórico de un extremo al otro para instalarse en el corazón del jardín que hoy todos conocemos. Las cuatro fuentes de las esquinas que le daban su apodo de «los Cuatro Oros» desaparecieron con el tiempo, y hoy solo queda esta, la viajera, en el centro del jardín.

El jardín más fotogénico de Morelia

Hoy el Jardín de Villalongín tiene una reputación bien ganada como uno de los espacios más fotogénicos del centro histórico. En pleno 2022, el Jardín de Villalongín en Morelia es el espacio preferido por cientos de quinceañeras, novias y graduados como escenario para las fotos del recuerdo. La combinación de la fuente, los arcos del Acueducto al fondo, la cantera rosa y los árboles que enmarcan el espacio crea un ambiente que cualquier fotógrafo agradece.

La belleza de su diseño, combinando el estilo colonial y contemporáneo, lo hace destacar como una de las plazas más armónicas y favoritas de la ciudad para los paseos nocturnos. De noche, con la iluminación del Acueducto de fondo y la fuente encendida, el jardín tiene un ambiente completamente diferente al del día: más íntimo, más romántico, más acorde con la historia que le dio su nombre.

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