Bosque Cuauhtémoc en Morelia
El Bosque Cuauhtémoc de Morelia tiene casi 500 años de historia: fue barrio indígena, zona residencial de familias ricas, y desde 2005 es Área Natural Protegida. Con museos, gaspachos, ardillas y árboles centenarios en pleno centro histórico.
De barrio indígena a «Beverly Hills» del siglo XIX, y de ahí al pulmón verde de la ciudad
En Morelia hay una frase que todo el mundo entiende sin necesidad de más explicación: «nos vemos en el bosque». No hay ambigüedad posible. El bosque es el Cuauhtémoc, el parque urbano más grande y querido del centro de la ciudad, y el lugar al que los morelianos van a correr, a pasear en familia, a comer gaspacho y a simplemente respirar. Pero detrás de esos árboles enormes y esas veredas tranquilas hay casi 500 años de historia que muy pocos conocen de verdad.
Primero fue un barrio indígena
En sus primeros años, entre 1541 y 1580, este terreno era conocido como Barrio de San Pedro, donde los pueblos indígenas alimentaban y cuidaban a sus caballos gracias a las bondades del lugar. Muchos de estos primeros habitantes fueron traídos de la ribera del Lago de Pátzcuaro para ayudar a construir la nueva ciudad de Valladolid. El barrio contaba con hospital y capilla propios, lo que habla de una comunidad organizada y autosuficiente que existió aquí durante generaciones.
Los archivos históricos indican que hasta el año de 1845 este lugar todavía era conocido como Barrio de San Pedro y estaba compuesto por terrenos ocupados por los campesinos indígenas de la época, quienes aprovechaban el agua de la zona para dar de beber a sus caballos. Tres siglos de historia indígena en el mismo lugar donde hoy la gente trota y los niños corren detrás de las ardillas.
Luego fue la zona residencial más exclusiva de Morelia
Lo que vino después es una historia de desplazamiento y transformación que no es exclusiva de Morelia pero que aquí tiene un capítulo particularmente ilustrativo. Durante el siglo XIX, la moda cambió. Las familias adineradas de Morelia, influenciadas por las ideas higienistas de Europa que decían que vivir lejos del centro y cerca de los árboles evitaba enfermedades, decidieron mudarse aquí.
Los pobladores originales fueron desplazados y en su lugar se construyeron mansiones de estilo francés y ecléctico que convirtieron la zona en el barrio más exclusivo de la ciudad. El Bosque Cuauhtémoc es mucho más que un importante pulmón de Morelia. Entre sus veredas arboladas se conservan testimonios de múltiples capas de la historia misma de la ciudad. Fundado como barrio indígena desde el siglo XVI, ya en la centuria decimonónica se convirtió en un lugar de paseo de los morelianos y en un sitio privilegiado por distinguidas familias locales y extranjeras que aquí encontraron un espacio adecuado al modelo ideal de vida que pretendían.
De esas mansiones del siglo XIX, a lo largo de los años desaparecieron las antiguas casonas y únicamente quedaron en pie algunas de ellas, que hoy cumplen un papel como edificios de servicio público, como es el caso del Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, con sede en una de estas antiguas moradas, que abrió sus puertas como galería en 1971.
El nombre que llegó con la Revolución
Durante siglos se le conoció como el Bosque de San Pedro. Fue hasta 1916, en plena efervescencia nacionalista de la Revolución, que se le cambió el nombre oficial a Bosque Cuauhtémoc, en honor al último emperador azteca. El mismo impulso nacionalista que había bautizado al Jardín Azteca décadas antes llegaba ahora a rebautizar el parque más grande del centro histórico. El nombre de Cuauhtémoc, símbolo de la resistencia indígena frente a la conquista española, era perfecto para una época que buscaba reencontrarse con sus raíces prehispánicas.
Área Natural Protegida en pleno centro histórico
Hoy, protegido como Área Natural Protegida desde 2005, es el refugio favorito de los locales para escapar del calor. Ese reconocimiento oficial no es un dato menor: significa que el bosque tiene protección legal sobre su vegetación y su fauna, lo que garantiza que los árboles centenarios que le dan su carácter no puedan ser talados ni el espacio reducido para construir.
Y hay vida real dentro de ese bosque. Las ardillas que saltan de rama en rama son uno de los elementos más queridos del lugar, hasta el punto de que los visitantes habituales las alimentan a mano. También hay aves, y los fines de semana no es raro encontrar grupos de observadores de aves con sus binoculares entre las veredas.
Museos, gaspachos y tai chi: el bosque de todos
Lo que hace especial al Bosque Cuauhtémoc es la cantidad de cosas que ofrece en un mismo espacio. Aquí están el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, MACAZ, y el Museo de Historia Natural, MUHNA, arte y dinosaurios a 100 metros de distancia. El MACAZ es particularmente relevante: instalado en una de las antiguas casonas del siglo XIX, tiene una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes de Michoacán y organiza exposiciones temporales de nivel nacional.
Pero más allá de los museos, el bosque vive de sus rituales cotidianos. Los grupos de tai chi que se reúnen temprano por la mañana entre los árboles. Los corredores que hacen sus vueltas en las veredas. Las familias que llegan los domingos con lonche y manta para sentarse en el pasto. Y los vendedores de gaspacho, esa preparación moreliana de frutas con chile, limón y queso que en ningún otro lugar de la ciudad sabe igual que aquí, bajo la sombra de un árbol centenario con una brisa que hace olvidar que estás en el centro de una ciudad.